Constantino


El primer “cristiano” emperador romano, Constantino el Grande, fue muy decidido a eliminar las influencias judías de la iglesia romana. Los siguientes extractos son de la carta que Constantino envió a todas las iglesias después del Concilio de Nicea reelaborado el calendario de la Semana Santa de manera que que nunca coinciden con la Pascua judía. Esta carta muestra fuerte desprecio de Constantino de todo lo judío y la forma en que estaba trabajando para eliminar esas cosas de la iglesia.

… en primer lugar, parece algo indigno que en la celebración de esta fiesta más sagrada que debe seguir la práctica de los Judios, que han manchado sus manos impíamente con el pecado enorme, y son, por tanto, afectados por la ceguera merecidamente del alma.
Por lo tenemos en nuestro poder, si dejamos de lado su costumbre, para prolongar la debida observancia de esta ordenanza a las edades futuras, por una orden más cierto, que hemos conservado desde el mismo día de la pasión hasta la actualidad. Veamos a continuación, no tienen nada en común con la detestable multitud judía;
Por cómo deberían ser capaces de formar un buen juicio, que, desde su culpabilidad en el asesinato parricida su Señor, han sido objeto de la dirección, no de la razón, sino de la pasión sin gobierno, y son arrastrados por los impulsos del espíritu loco que hay en ellos?
Sin embargo, sería titular en su sagacities a esforzarse y orar siempre que la pureza de sus almas, no puede parecer en nada que se mancillada por la comunión con las costumbres de estos hombres más malvados.
también que es muy oportuno que todos deben unirse en desear lo que la razón de sonido aparece a la demanda, y evitar toda participación en la realización perjuros de los Judios.
Constantino, en una Carta a las Iglesias tras el Consejo de Nicea en el 325 dC
registrados por Eusebio en La vida de Constantino el Grande, libro 3, capítulos 17-20
publicado en el de Nicea y de Nicea-Padres Post, Segunda Serie, vol. 1, pp. 741-744

Constantino es en gran parte responsable de la subyacente que causa la actitud predominante de los cristianos de hoy para evitar, casi instintivamente, cualquier práctica que pueda ser identificado como judío.

He aquí parte de la profesión de fe de la Iglesia de Constantinopla, que se encuentra en el capitolio de la ciudad Constantino nuevo.

Renuncio a todas las costumbres, ritos, legalismos, pan sin levadura y los sacrificios de corderos de los hebreos, y todas las otras fiestas de los hebreos, los sacrificios, oraciones, aspiraciones, purificaciones, santificación y propiciación, y ayunos, y las lunas nuevas, y los Sábados y supersticiones, y los himnos y cantos, celebraciones y sinagogas, y la comida y la bebida de los hebreos, en una palabra, renuncio absolutamente todo judío, todas las leyes, rito y costumbre. … y si después voy a querer negar y volver a la superstición judía, o se encuentra comiendo con Judios, o fiestas con ellos, o conversando en secreto y condena a la religión cristiana en vez de refutar abiertamente y condenar su fe vana, entonces que el temblor de Caín y la lepra de Giezi unirá a mí, así como las sanciones legales a las que yo reconozco a mí mismo responsable. ¿Y se puede ser un anatema en el mundo por venir, y puede mi alma estar prevista con Satanás y los demonios.
“Profesión de fe, de la Iglesia de Constantinopla”
Stefano Assemani, Acta Sanctorum Martyrum Orientalium en Occidentalium, Vol. 1 (Roma 1748), página 105
citado en James Parkes, El conflicto de la Iglesia y la Sinagoga (Nueva York: Atheneum, 1974) pp. 397-398
y citado por David Stern en la restauración del carácter judío del Evangelio, en la página 8

En el 404 dC Jerónimo envió una carta a Agustín que muestra como fondo la iglesia cristiana había adoptado las actitudes anti-judías de los romanos.

En nuestros días existe una secta entre los Judios en todas las sinagogas de Oriente, que se llama la secta de los Minei, e incluso ahora condenado por los fariseos. Los partidarios de esta secta son conocidos comúnmente como nazarenos, que creen en Cristo, el Hijo de Dios, “nacido de la Virgen María, y dicen que el que padeció bajo Poncio Pilato, y resucitó, es el mismo que aquel en quien que creemos. Pero si bien el deseo de ser ambos Judios y cristianos, no son ni lo uno ni lo otro. …

Si, sin embargo, no hay para nosotros otra alternativa que reciben los Judios en la Iglesia, junto con los usos que se impongan a su derecho, y si, en definitiva, deberá ser declarada legal, para que ellos sigan en las Iglesias de Cristo lo que han acostumbrados a la práctica en las sinagogas de Satanás, le diré mi opinión sobre el asunto: no se convertirán en cristianos, sino que nos hará Judios.

Jerónimo, en una carta a Agustín (AD 404)
Cartas de san Agustín, Segunda División, Carta 75, capítulo 4
publicada en LNicea y de Nicea-Padres Post, primera serie, vol. 1, p.654